lunes, 13 de octubre de 2014

Historia de la Educación a Distancia


Imagen de la Gaceta de Boston, donde se anunció la enseñanza por correspondencia. 
La calidad de la misma impide observar si se trató del ejemplar del 20 de marzo de 1728.
 
por Lorenzo García Aretio


Conviene expresar con toda claridad, que la razón particular para dar espacio a los videos y textos del profesor Lorenzo García Aretio radica en su papel como uno de los más destacados propulsores de la educación abierta y a distancia en el mundo de habla hispana. No deseo hacer parecer con ello que sus trabajos sean los únicos o los más destacados, pero sí, quizá, discursos que tomo como punto de referencia para futuros planteamientos. Debo indicar también que en este artículo publicado en 1999, García Aretio escribió más como especialista en temas de educación, que como historiador o sociólogo, es por ello, que lejos de tener un texto plenamente historiográfico, es en realidad un documento heterogéneo y en muchos sentidos cronológico, mucho más de lo que su título hace pensar.

El autor habla, por ejemplo, de los cambios sociales de los años setenta que hicieron insuficientes los espacios universitarios para atender la demanda de una población creciente, sin embargo, no precisa exactamente las relaciones entre crisis económicas, explosión demográfica, cambio tecnológico, procesos de democratización, fin de la Guerra Fría, las políticas neoliberales y la difusión de los derechos humanos. Es decir, no hay ejes claros e imbricados que permitan explicaciones de larga duración, a no ser por las innovaciones tecnológicas, presiones demográficas, democratización y flexibilidad educativa, aprendizajes a lo largo de la vida o carencias de recursos, aspectos que desligados resultan insuficientes para explicar el incremento y difusión de la enseñanza a distancia.

El texto remite a ideas de GARRISON (ver artículo), a partir de las cuales se establecen tres generaciones, que en sentido estricto no lo son, sino momentos o periodos de la educación a distancia, como el propio autor lo percibe (1. la correspondencia, 2. las telecomunicaciones, y 3. la telemática). En este sentido, su planteamiento pierde solidez, toda vez que remite del mismo modo a periodos muy antiguos para mencionar a la escritura como uno de los principales vectores de la educación a distancia. Esta reconstrucción teleológica resulta excesiva y no puede sostenerse, ya que los objetivos de la comunicación, así como los medios y formas culturales de las cuales la educación formaba parte, son incompatibles con los modelos burgueses y los efectos sociales de la revolución industrial de finales del siglo XVIII. En todo caso, me parece mucho más atinado que García Aretio hable de la educación a distancia basada en varias invenciones como la escritura, la imprenta y el sistema postal, ya que por un lado reconoce superposiciones tecnológicas y, bien que mal, nos aproximamos a un mundo de vida moderno, industrial y basado en principios liberales, que poco a poco, y a base de luchas y reclamos habrían de dar mayor acceso a la educación. Para el historiador no experto en temas educativos es difícil proponer una fecha para ubicar los antecedentes más cercanos de la educación a distancia, estos podrían variar entre 1728 o 1840, para mí quizá, esta última fecha, resulta mucho más significativa por involucrar la enseñanza de taquigrafía, un saber básico para quienes se integrarían a los empleos de cuello blanco de las naciones, que se irían consolidando durante el siglo XIX en Europa. Pero fundamentalmente, porque en esa década se expresarán y competirán diversas ideologías como el socialismo, el comunismo y el liberalismo con movimientos nacionalistas y románticos que darían forma a la época moderna.

No puede menospreciarse, sin embargo, el esfuerzo de García Aretio por ayudarnos a comprender una pluralidad de formas de educación a distancia alrededor del mundo, los intentos por estrechar redes, los experimentos universitarios de certificación de estudiantes externos, los ejercicios de extensión universitaria, de educación abierta y a distancia basados en tecnologías como la radio y la televisión; además de la instauración de las primeras universidades plenamente identificadas como abiertas. Puede decirse a manera de conclusión, que el texto aporta a la construcción de una memoria histórica sobre la educación, que sin lugar a duda deberá complejizarse y ampliarse a mayor profundidad.
Enrique Esqueda Blas

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