Las siguientes observaciones toman como base el artículo “El docente y las inteligencias múltiples” escrito por Silvia Luz de Luca, profesora de primaria rural, publicado en 2004, como resultado de su labor de campo. Construyo a partir de él, las definiciones de inteligencia múltiple y sus tipos; sumo preguntas personales y reflexiones sobre los perfiles de los estudiantes del siglo XXI y las inteligencias múltiples, para ofrecer finalmente tres posibles acciones en mi práctica educativa, que contribuirían a aprovecharlas.
Luz de Luca menciona que Howard Gardner,
profesor de la universidad de Harvard, se había planteado a mediados de los
setenta la existencia de “muchas clases de mentes”, pero fue hasta la
publicación en 1983 de su obra Estructuras
de la mente cuando nació la teoría de las inteligencias múltiples. Esta
tardó en ser tomada en cuenta y difundida, para después ser criticada en la
base de sus argumentaciones, ya que dejó aspectos sin desarrollar adecuadamente.[1] Retomando al propio
Gardner, más que una metodología, su planteamiento de la inteligencia múltiple
quizá debería considerarse como una filosofía de la educación, que tendría como
peculiaridad: la flexibilidad del aprendizaje, la enseñanza y la evaluación, de
acuerdo a las diferencias de los sujetos. En varios sentidos, los postulados
del profesor fueron a contracorriente de la manera estándar y simplista de
concebir la inteligencia, generalmente como varias funciones cognitivas y, de
su medición, por medio de pruebas homogéneas.
En términos amplios, podemos entender como
inteligencias múltiples ocho formas de “resolver problemas o de crear productos”,
que si bien se encuentran en todas las personas, en grados diferenciales, son interpedendientes.
Estos tipos de inteligencia son de naturaleza lógico-matemática, lingüística, espacial,
musical, corporal o kinestésica, intrapersonal – interpersonal (inteligencia
emocional) y naturalista. En ellas participan los componentes genéticos y los
hábitos socialmente construidos.[2]
Las
inteligencias y sus características que Gardner reconoce son:
Lógico-matemática, resuelve problemas
de razonamiento y matemáticas; ha sido el prototipo de la inteligencia, se
asocia a los científicos e involucra al hemisferio izquierdo.
Lingüística, característica de escritores,
quienes emplean los dos hemisferios de su cerebro.
Espacial, consiste en un
amplio desarrollo de las dimensiones en la capacidad mental; es frecuente en
hombres de mar, ingenieros, médicos y arquitectos.
Musical, podemos decir que
consiste en la habilidad para leer notas, aprender sonidos o combinarlos con la
voz o el cuerpo, siendo propia de intérpretes, creadores y danzantes.
Corporal o kinestésica, implica el uso de cuerpo en
actividades y la solución de problemas; corresponde a los deportistas y
artesanos y se asocia con la inteligencia musical y espacial.
Intrapersonal, puede decirse que
es la habilidad para el autoconocimiento, sin ligarse a actividades específicas.
Interpersonal, se trata de una
forma de empatía o cuando menos de apertura a los demás vinculada a
negociantes, figuras públicas, docentes o guías. Tanto la inteligencia
intrapersonal como la interpresonal constituyen la inteligencia emocional, que
determina la habilidad de la persona para dar sentido a su vida.
Naturalista, abarca la
observación y el análisis de la naturaleza y suele encontrarse en biólogos y
botánicos.
Ahora bien, sobre estas inteligencias se pueden
plantear algunas preguntas, por ejemplo, ¿hasta dónde la escuela en todos sus
niveles sigue ponderando la inteligencia lógico-matemática y realizando
procesos de selección que limitan las posibilidades de avance en las personas
cuyas inteligencias se concentran en otros terrenos? ¿De qué manera las nuevas
generaciones, que están experimentando los efectos de las revoluciones
tecnológicas de la información y la comunicación, así como una era neoliberal y
globalizada, experimentan un mayor cultivo de sus habilidades espaciales, pero
una reducción en sus capacidades físicas y de inteligencia emocional?
Frente a
estas interrogantes habrá que tomarse en cuenta las historias personales y los
ambientes a los que responden los jóvenes, para quienes trabajamos, y a quienes
hacemos el centro del proceso educativo.[3]
Como maestro de Historia en la licenciatura en la ENAH, me parece que las
inteligencias más desarrolladas entre los participantes en los cursos son la
lingüística, espacial, musical y kinestésica. Curiosamente, es significativa la
falta de integración entre la inteligencia intrapersonal e interpersonal, que
se refleja en problemas psicológicos como la depresión, actitudes antisociales
y bajo rendimiento escolar. Por supuesto, en la base pueden operar factores de
carácter económico-social como la pobreza, la marginación, la discriminación y
la desintegración familiar.
Por ello me parece adecuado implementar cuando
menos tres acciones en mi práctica educativa, que favorezca el uso de las
inteligencias múltiples:
Acciones
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Razones de su implementación
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1. Identificar mis propias inteligencias, a
partir de un diagnóstico
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Reconocer mis habilidades múltiples serviría para
potenciar las más consistentes e impulsar las menos operativas por medio de
un plan de actividades y nuevos aprendizajes
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2. Con la finalidad de mejorar el ambiente de
trabajo, me parece fundamental participar del proceso de madurez de las
competencias intrapersonales e interpersonales de los estudiantes, para que
incrementen su compromiso con su educación, su autorregulación, aprovechen el
trabajo en equipo y respeto a los demás
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Sin la pretensión de ser psicólogo, y ajustándome
a los más exigentes límites de mi papel como docente sería importante ofrecer
una educación con rasgos de pedagogías críticas, de indignación y de esperanza,
que ayude a comprender que muchas de las emociones y prácticas sociales
negativas no son propias de una persona, sino colectivas. De ahí que las
respuestas deban buscarse en esos términos. Las estrategias que se pueden
impulsar son las historias de vida, los recorridos por sitios arqueológicos
(para fortalecer el sentido de identidad, orgullo y pertenencia), la
realización de proyectos individuales y en grupo; así como la puesta en
marcha de evaluaciones eficientes, flexibles e innovadoras que coadyuven a
obtener buenos resultados y a reducir el estrés
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3. Potenciar las inteligencias lingüística,
espacial, musical, kinestésica y
lógico-matemática
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Esto se podría realizar por medio de lecturas en
clase y en casa, la elaboración de periódicos y revistas, la construcción de
mapas con programas de cómputo, el uso de la música para conectarla con los
distintos periodos, actores y acontecimientos históricos; la realización de
visitas asesoradas en museos, industrias y zonas naturales, además del empleo
de gráficas y estadísticas
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Consideraciones
finales
Este ejercicio del Nodo II
del Diplomado “Práctica Educativa Innovadora…” refuerza conocimientos sobre
distintas inteligencias o capacidades en las personas, que pueden aprovecharse
en una más dinámica concepción de la educación, en la planeación de clases, en el
trabajo dentro y fuera del aula (como asesor a distancia), con el objeto de mejorar
los aprendizajes y contribuir a la construcción de comunidades de pensamiento más
analítico y con compromiso personal y colectivo.
Bibliografía
Luca, Silvia Luz de, “El
docente y las inteligencias múltiples”, en Revista
Iberoamericana de educación, n. 392, 2004, pp. 1-12.

















