jueves, 27 de noviembre de 2014

Inteligencias múltiples y educación superior: propuesta para su integración y aplicación en un caso


Las siguientes observaciones toman como base el artículo “El docente y las inteligencias múltiples” escrito por Silvia Luz de Luca, profesora de primaria rural, publicado en 2004, como resultado de su labor de campo. Construyo a partir de él, las definiciones de inteligencia múltiple y sus tipos; sumo preguntas personales y reflexiones sobre los perfiles de los estudiantes del siglo XXI y las inteligencias múltiples, para ofrecer finalmente tres posibles acciones en mi práctica educativa, que contribuirían a aprovecharlas.

Luz de Luca menciona que Howard Gardner, profesor de la universidad de Harvard, se había planteado a mediados de los setenta la existencia de “muchas clases de mentes”, pero fue hasta la publicación en 1983 de su obra Estructuras de la mente cuando nació la teoría de las inteligencias múltiples. Esta tardó en ser tomada en cuenta y difundida, para después ser criticada en la base de sus argumentaciones, ya que dejó aspectos sin desarrollar adecuadamente.[1] Retomando al propio Gardner, más que una metodología, su planteamiento de la inteligencia múltiple quizá debería considerarse como una filosofía de la educación, que tendría como peculiaridad: la flexibilidad del aprendizaje, la enseñanza y la evaluación, de acuerdo a las diferencias de los sujetos. En varios sentidos, los postulados del profesor fueron a contracorriente de la manera estándar y simplista de concebir la inteligencia, generalmente como varias funciones cognitivas y, de su medición, por medio de pruebas homogéneas.

En términos amplios, podemos entender como inteligencias múltiples ocho formas de “resolver problemas o de crear productos”, que si bien se encuentran en todas las personas, en grados diferenciales, son interpedendientes. Estos tipos de inteligencia son de naturaleza lógico-matemática, lingüística, espacial, musical, corporal o kinestésica, intrapersonal – interpersonal (inteligencia emocional) y naturalista. En ellas participan los componentes genéticos y los hábitos socialmente construidos.[2]

Las inteligencias y sus características que Gardner reconoce son:

Lógico-matemática, resuelve problemas de razonamiento y matemáticas; ha sido el prototipo de la inteligencia, se asocia a los científicos e involucra al hemisferio izquierdo.

Lingüística, característica de escritores, quienes emplean los dos hemisferios de su cerebro.
Espacial, consiste en un amplio desarrollo de las dimensiones en la capacidad mental; es frecuente en hombres de mar, ingenieros, médicos y arquitectos.

Musical, podemos decir que consiste en la habilidad para leer notas, aprender sonidos o combinarlos con la voz o el cuerpo, siendo propia de intérpretes, creadores y danzantes.

Corporal o kinestésica, implica el uso de cuerpo en actividades y la solución de problemas; corresponde a los deportistas y artesanos y se asocia con la inteligencia musical y espacial.
Intrapersonal, puede decirse que es la habilidad para el autoconocimiento, sin ligarse a actividades específicas.

Interpersonal, se trata de una forma de empatía o cuando menos de apertura a los demás vinculada a negociantes, figuras públicas, docentes o guías. Tanto la inteligencia intrapersonal como la interpresonal constituyen la inteligencia emocional, que determina la habilidad de la persona para dar sentido a su vida.

Naturalista, abarca la observación y el análisis de la naturaleza y suele encontrarse en biólogos y botánicos.

Ahora bien, sobre estas inteligencias se pueden plantear algunas preguntas, por ejemplo, ¿hasta dónde la escuela en todos sus niveles sigue ponderando la inteligencia lógico-matemática y realizando procesos de selección que limitan las posibilidades de avance en las personas cuyas inteligencias se concentran en otros terrenos? ¿De qué manera las nuevas generaciones, que están experimentando los efectos de las revoluciones tecnológicas de la información y la comunicación, así como una era neoliberal y globalizada, experimentan un mayor cultivo de sus habilidades espaciales, pero una reducción en sus capacidades físicas y de inteligencia emocional? 

Frente a estas interrogantes habrá que tomarse en cuenta las historias personales y los ambientes a los que responden los jóvenes, para quienes trabajamos, y a quienes hacemos el centro del proceso educativo.[3] Como maestro de Historia en la licenciatura en la ENAH, me parece que las inteligencias más desarrolladas entre los participantes en los cursos son la lingüística, espacial, musical y kinestésica. Curiosamente, es significativa la falta de integración entre la inteligencia intrapersonal e interpersonal, que se refleja en problemas psicológicos como la depresión, actitudes antisociales y bajo rendimiento escolar. Por supuesto, en la base pueden operar factores de carácter económico-social como la pobreza, la marginación, la discriminación y la desintegración familiar.

Por ello me parece adecuado implementar cuando menos tres acciones en mi práctica educativa, que favorezca el uso de las inteligencias múltiples:


Acciones


Razones de su implementación
1. Identificar mis propias inteligencias, a partir de un diagnóstico
Reconocer mis habilidades múltiples serviría para potenciar las más consistentes e impulsar las menos operativas por medio de un plan de actividades y nuevos aprendizajes
2. Con la finalidad de mejorar el ambiente de trabajo, me parece fundamental participar del proceso de madurez de las competencias intrapersonales e interpersonales de los estudiantes, para que incrementen su compromiso con su educación, su autorregulación, aprovechen el trabajo en equipo y respeto a los demás
Sin la pretensión de ser psicólogo, y ajustándome a los más exigentes límites de mi papel como docente sería importante ofrecer una educación con rasgos de pedagogías críticas, de indignación y de esperanza, que ayude a comprender que muchas de las emociones y prácticas sociales negativas no son propias de una persona, sino colectivas. De ahí que las respuestas deban buscarse en esos términos. Las estrategias que se pueden impulsar son las historias de vida, los recorridos por sitios arqueológicos (para fortalecer el sentido de identidad, orgullo y pertenencia), la realización de proyectos individuales y en grupo; así como la puesta en marcha de evaluaciones eficientes, flexibles e innovadoras que coadyuven a obtener buenos resultados y a reducir el estrés
3. Potenciar las inteligencias lingüística, espacial, musical,  kinestésica y lógico-matemática
Esto se podría realizar por medio de lecturas en clase y en casa, la elaboración de periódicos y revistas, la construcción de mapas con programas de cómputo, el uso de la música para conectarla con los distintos periodos, actores y acontecimientos históricos; la realización de visitas asesoradas en museos, industrias y zonas naturales, además del empleo de gráficas y estadísticas


Consideraciones finales

Este ejercicio del Nodo II del Diplomado “Práctica Educativa Innovadora…” refuerza conocimientos sobre distintas inteligencias o capacidades en las personas, que pueden aprovecharse en una más dinámica concepción de la educación, en la planeación de clases, en el trabajo dentro y fuera del aula (como asesor a distancia), con el objeto de mejorar los aprendizajes y contribuir a la construcción de comunidades de pensamiento más analítico y con compromiso personal y colectivo.

Bibliografía
Luca, Silvia Luz de, “El docente y las inteligencias múltiples”, en Revista Iberoamericana de educación, n. 392, 2004, pp. 1-12.


[1] Luca, “El docente y las inteligencias múltiples”, p. 1.
[2] Op. cit., p. 2, 5-6. Entre los aspectos confusos están la ubicación de ciertas funciones del cerebro y las formas de inteligencia; así como el grado de independencia-dependencia entre ellas.
[3] Ib. 7.

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